Habrá quién lea el título y diga «bah, esto ya me lo sé», pero también habrá personas que piensen que estas dos palabras son sinónimas entre sí. Sea cual sea tu caso, sigue leyendo hasta el final. A ver si consigo sorprenderte con alguna cosita.

NO SON SINÓNIMOS:

Ambos términos coinciden en el mismo personaje en muchas ocasiones, por eso, al final, la gente ha acabado confundiéndolos, pero no significan lo mismo y no debes confundirlos, pues ambos personajes se trabajan de forma distinta.

Durante los primeros siglos de la literatura, él protagonista era el héroe. Y aquí no estoy usando palabras genéricas. Él significa masculino, y héroe significa el bueno de la historia. Este héroe podía tener más o menos virtudes, más o menos defectos y debilidades… Pero, al final, era quien salvaba la situación.

Cuando la literatura dejó de tener un carácter dogmático (¡oh! sorpresa, todas las artes en sus orígenes han tenido una función práctica y, en muchos casos, era la de educar), empezaron a aparecer escritores de simplemente querían contar historias y, liberados de las directrices de mecenas y clientes, pudieron diversificar tramas.

Esto se tradujo en que el protagonista ya no tenía que ser un ejemplo a seguir. Ahora podía ser alguien altamente imperfecto, incluso de moralidad cuestionable. Y ahí es donde surje la distinción entre villano y antagonista. ¿Quieres seguir leyendo?

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