No todo el mundo es consciente del poder que tienen las palabras. Quienes lo conocen, lo usan a su favor para crear escenas en apariencia sencillas que, sin embargo, consiguen llegar al lector (u oyente) a sentir con claridad la imagen que quieren transmitir. Aunque ya lo mencionamos un poco en la entrada Describir o crear atmósfera, nos centrábamos en las descripciones, pero ahora vamos a profundizar un poco más y a ver cómo se puede usar en todos los sentidos.

La imagen de una escena

vamos a colorear la escena

¿A qué nos referimos con imagen? No se trata solo del escenario en el que nos movemos, aunque tiene mucho que ver. Incluso escenarios con un tono común pueden ser muy diferentes.

vamos a colorear la escena

El ejemplo más sencillo es utilizar los colores para transmitir una sensación concreta. Pero, como ves en las imágenes que acompañan a este punto, una misma paleta de colores y tonos pueden servir para escenas totalmente opuestas. Aunque la sensación que transmite una y otra sí que puede tener mucho en común. Esto se debe a que compartimos un bagaje cultural que nos ha enseñado a asociar cosas como los colores (pero también sonidos o formas) con las distintas emociones. Como escritores, podemos usar eso a nuestro favor.

Si queremos trasmitir serenidad, seguramente no elijamos el rojo como tono para nuestra escena. El azul puede ser una buena elección en este caso, pero, si no la combinamos bien, puede que el texto acabe transmitiendo algo de frialdad (nadie ha dicho que nos tengamos que limitar a un solo color).

El tono

Cuando decimos que pintes tu escena, no queremos decir que el nombre del color deba aparecer tres veces en cada párrafo, ni que todos los objetos que aparezcan tengan que ser monocromos. ¡Para nada! El juego ha de ser mucho más sutil. Como decíamos antes, el hecho de que compartamos una cultura, nos permite jugar con las percepciones del lector.

vamos a colorear la escena

Vamos a ver un ejemplo del uso del color en nuestros textos:

Tres lirios de tallo largo que asomaban de un cilindro alto y estrecho de porcelana eran la única decoración que había. La luz que entraba por los grandes ventanales se reflejaba en las paredes desnudas y me hacía sentir pequeña en aquel espacio de techos altísimos. Las ventanas de vidrio esmerilado no me dejaban ver el exterior. Andaba perdida en mis pensamientos cuando unos pasos lejanos sobre el mármol llegaron como un eco a través de los pasillos. Me sacudí la túnica, evitando cualquier arruga. No quería causar una mala primera impresión. Tomé aire y alcé la mirada cuando se abrió la puerta.

—Bienvenida, novicia —me dijo la sacerdotisa que había venido a buscarme.

No podía apartar mis ojos de sus labios del color de las cerezas dulces.

Hemos exagerado mucho la ausencia de color (o, dicho de otro modo, hemos abusado del blanco) por dos razones. La primera para dar una sensación de pulcritud o pureza. Nos hemos ayudado de otras herramientas como la amplitud, el silencio o el aislamiento. Al ser algo tan extremo, cuando metemos un elemento que rompe con el tono de nuestra escena, este llama fuertemente la atención. El lector no solo recibe la información de que la sacerdotisa lleva los labios rojo como habría pasado en cualquier otra escena, sino que sabe automáticamente que esa mujer (o la historia que hay detrás de esos labios rojos) va a ser importante. Crea cierta intriga, ¿no?

La textura

No solo de colores vive el artista. Si sumamos la textura, la escena adquiere un nivel nuevo de inmersión. La psicología también tiene mucho que ver en esto. Visualiza la escena en conjunto (o la acción en concreto) e intenta percibir qué textura te transmite. Entonces puedes potenciar ese sentimiento metiendo en tus descripciones otros elementos que compartan esa textura.

Vamos a ver dos ejemplos breves para comparar el efecto de dos texturas diferentes.

Las manos de mi padre eran ásperas como la madera porosa que trabajaba. Cuando me subía a su regazo y me abrazaba, su barba me raspaba las mejillas. Aún hoy el olor de la madera cortada me recuerda sus manos y su voz grave y rasgada, y me hace sonreír como cuando entonces me contaba una y otra vez aquel terrible chiste que solo nos hacía gracia a él y a mí.

«Parece de algodón» pensé al cogerlo entre mis manos.

Sus ojos brillantes buscaron los míos. Creo que me había confundido con su madre y buscaba alimento, pero su maullido, que más bien sonaba como un silbido de pajarillo, fue como una orden irreversible en mi cabeza. Me giré hacia mi hija, quien casi no había respirado desde su pregunta.

—Sí, cariño. Puede venir a casa.

El material

Muy relacionado con la textura, el material también afecta muchísimo al tono de la escena. Los materiales artificiales transmiten sensaciones totalmente diferentes a los naturales. ¿Recuerdas la escena de la novicia? Podríamos haber pensado en un templo antiguo, pero el cristal esmerilado nos ha traído un poco más hacia el presente (o futuro) sin necesidad de que lo mencionemos. De igual manera, también sabemos que no es un culto a la naturaleza, pues el único elemento natural de la sala son tres flores en un jarrón.

¿Y si en esa misma escena hubiéramos dicho que las flores eran de plástico?  ¿Y si, en vez de mármol para el suelo, hubiéramos descrito unas paredes de gotelé irregular? ¿No cambia totalmente el panorama?

Coloreando personajes

Al igual que con las escenas, podemos potenciar las características de nuestros personajes con los elementos de los que hemos hablado hasta ahora. Es un recurso muy práctico y muy poco utilizado (y casi siempre en villanos). Imagina que cada vez que aparece el jefe de nuestra protagonista utilizamos ciertos matices en el vocabulario:

Clavó en mí una mirada de hielo sin decir una sola palabra que rompiera aquel cortante silencio que solo se interrumpió con el sonido de su pluma arañando el papel que yo le había traído. 

Posó en mí su mirada clara como el cielo sin decir una sola palabra que rompiera aquel tenso silencio que solo se interrumpió con el sonido de su pluma acariciando el papel que yo le había traído. 

¿Se nota la diferencia? Cuatro palabras convierten a un furioso sociópata en un posible futuro amante. Si este tipo de matices se mantienen cada vez que aparezca el personaje nos transmitirá una imagen muy clara de cómo es (o, al menos, de cómo nuestro narrador lo ve).

Este ejemplo nos sirve también para entender que no solo los adjetivos nos sirven para colorear nuestra escena. La elección de los verbos es igual de importante. Aunque la acción en ambos ejemplos es exactamente la misma, el verbo que elegimos cambia por completo la situación sin que sea necesario que expliquemos si el personaje está enfadado, tiene una buena o mala relación con nuestra chica o las ganas que tiene ella de salir de allí.

Aunque pueda parecer complicado tener que estar pendiente de todo esto, es algo a lo que te acabas acostumbrando. Pruébalo y cuéntanos qué te parece. O dinos de qué otras formas coloreas tú tus escenas. Nos encantará leer tus comentarios.

No dudes en compartir este artículo si te ha gustado.

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