Five hundred twenty five thousand six hundred minutes.

Five hundred twenty five thousand moments so dear.

 

Fueron los primeros versos que me inspiraron para convertirme en lo que soy ahora.

 

Five hundred twenty five thousand six hundred minutes.

How do you measure,

measure a year?

 

Es curioso, aunque el cine me encantaba, había ciertos géneros de los que ni siquiera quería oír hablar. Me parecían no solo aburridos, sino también ridículos.

 

In daylights?

In sunsets?

In midnights?

In cups of coffee?

 

¿Quién, en su sano juicio, pensaría que era normal ponerse a cantar en mitad de la calle y que el resto de gente le siguiera? ¡Nadie! No es realista, no es algo posible. ¡Es absurdo!

 

In inches, in miles, in laughter, in strife?


Mientras la melodía suena y el reparto cantamos, no puedo dejar de recordar cómo llegué a esto. Mi prima era una aficionada a todo lo que yo consideraba un rollo en mi niñez. Le gustaban los libros, la tranquilidad, las siestas, cantar (pero no bailar), conversar… y los musicales, las bandas sonoras en general.

Era, y es, una chica bastante peculiar. Aunque fuera bastante mayor que yo, siempre admiré lo inteligente e independiente que era. Nunca le importó lo que la gente pensara y, aunque a veces me daba vergüenza que mis compañeros de clase me vieran con ella, porque nunca se caracterizó por saber disimular cuando escuchaba una tontería, ahora es probablemente la persona que más me inspire y la que más haya influido en quién y cómo soy.

 

In five hundred twenty five thousand six hundred minutes.

How do you measure a year in a life?

 

Por ese entonces solo veía películas de acción, con grandes efectos especiales y, si se terciaba y quería hacerme el interesante, alguna que se considerara de culto o que obligara a pensar un poco. Vamos, intentaba hacerme el listo, aunque me aburriera en mis adentros. La cosa era aparentar y hacerse el guay…

Disculpad, viene mi parte favorita.

 

How about love?
How about love?
How about love?
Measure in love.
Seasons of love.
Seasons of love…

 

El caso es que, conociendo mis gustos, mi prima supo ir introduciéndome en su mundo melódico-fílmico. A los doce años, aunque se supone que no tenía edad para ello, me ofreció ver un musical que, aunque acepté a regañadientes, me supo vender bien. ¿Qué era eso de una película donde cantan, pero hay escenas gore y no hay bailes ridículos ni enamoramientos estúpidos? Acabé viendo Repo! The genetic opera.

A partir de entonces, empecé a ver este género como algo nuevo, algo que debía conocer más. No era lo convencional, es verdad, pero de repente me parecía intrigante. De hecho, en cuanto terminamos de verla, lo primero que le dije fue:

―¿Existe algo más así?

 

Five hundred twenty five thousand six hundred minutes.

Five hundred twenty five thousand journeys to plan.

Five hundred twenty five thousand six hundred minutes.

How do you measure the life of a woman or man?

 

No sé bien cómo logró dirigirme, pero después de ese día me fue poniendo cosas cada vez más «normales»: The Rocky horror picture show, Sweeney Todd, Little shop of horrors… hasta que acabé aceptando ver todo lo que había odiado hasta entonces. ¿Cómo podía gustarme algo tan tonto como Hairspray? ¡No tenía sentido! ¡Me estaba volviendo loco!

Ojo, no quiero decir que me estuviera gustando todo lo que veía. Seguía sin poder aguantar Evita o Grease

Uy, mi solo.

 

In truths that she learned, or in times that he cried,

in bridges he burned, or the way that she died.

 

A los 15 ya conocía prácticamente todo lo que aparecía en Broadway y en cartelera. Mis gustos habían cambiado un tanto y, aunque las películas de acción me seguían impactando, empezaba a sentir cierto rechazo por las que carecieran de cosas tan básicas como un buen argumento o unos personajes desarrollados. Ya era consciente de que los efectos especiales no lo eran todo.

Y precisamente por eso, por la «falta» de argumento, hubo una película que la fui dejando por pura pereza. Mi prima me hablaba de ella, y lo hacía con pasión. Siempre decía:

―No es una historia compleja. De hecho, no cuenta nada, solo cómo un grupo de personas pasa un año de vida. Pero a la vez habla de todo lo importante: de la vida, del amor, de la libertad…

 

It’s time now to sing out

Though the story never ends

Let’s celebrate, remember a year

In the life of friends.

 

―¿No es un tanto amplio? ―respondía yo.

―No es una película de la que se pueda hablar, solo ver.

Seguía sin convencerme, la verdad, pero insistía tanto que cada vez me veía con menos argumentos para posponerlo. Así que un día, sin más, me senté en el sofá con cara de resignación y dejé que mi prima encendiera el DVD e hiciera todo. Con suerte hasta me dormiría y no tendría que dar una opinión luego.

Iluso de mí, con los primeros acordes ya se me encendió algo. Era suave, muy agradable. La cámara dejaba ver un teatro vacío precioso y, sobre el escenario, ocho pequeñas luces cenitales se encendían al unísono para presentar a los protagonistas de la historia. Era bellísimo.

―¿Cómo se llama esta canción? ―pregunté conforme todos los actores comenzaban a cantar.

Seasons of love ―respondió mi prima―. Esta es la canción que resume la filosofía de la película.

La apunté rápidamente en mi cabeza. Más tarde podría buscarla, analizarla, leerla, aprenderla y gozarla. Ahora me tocaba disfrutar de más de dos horas de canciones que me harían sentir mucho más de lo que habría esperado con un largometraje.

 

(Remember the love)

You got to, you got to remember the love.

(Remember the love)

You know that love is a gift from up above.

(Remember the love)

Share love, give love, spread love.

(Measure in love)

 

Cuando terminó, notaba algo distinto en mí. Sí, parecía una subida de hormonas adolescente, pero acabó siendo algo más, algo que quería que me definiera. Quería que mi vida se definiera igual que la de los personajes, aunque con un poco más de suerte, claro. Quería sentir lo que ellos, quería, básicamente, ser ellos.

Me habían hablado, como tanto me había insistido mi prima, de la vida, del amor, de la libertad, de la bohemia, ¡de todo! Me habían hecho ver ciertos temas del mundo con cariño y me habían dado un tortazo en el alma. Algunos prejuicios que tenía en ese momento me revolvieron el estómago y luché para que se fueran. Debía hacer algo conmigo mismo.

 

Seasons of love

Seasons of love

 

Al igual que muchos otros niños que piensan en ser astronautas o caballeros, de pequeño me planteé qué quería ser de mayor e idealicé varias opciones. Cuando vi Superman y me enteré de que no era de verdad, sino una persona que estaba actuando, yo también quise ser eso, una de esas personas que se pone frente a una cámara y parece que vuela o que hace cosas que una persona normal no puede hacer, quise ser actor. Conforme crecía esa idea me parecía muy bonita, pero a la vez muy disparatada. No podía hacer tal cosa, no era un trabajo «real».

Pero llegó Rent y esa idea de niño volvió con más fuerza. Ahora, siendo más consciente del mundo, ese pensamiento me parecía tan real…

¡Debía hacer que el mundo conociera el mensaje de Jonathan Larson, el creador de esta preciosa obra de arte!

Años después conseguí entrar en la Escuela de Arte Dramático. Desde antes de empezar ya sabía qué rama debía escoger: musicales. Algún día interpretaría a cualquiera de esos ocho personajes, aunque no fuera en la gran pantalla.

Y aquí estoy, con mi luz cenital sobre un escenario cantando mi canción favorita. No ha sido un camino sencillo. De hecho, debo reconocer que de esto no se vive realmente, se sobrevive, pero, aun con los bolsillos prácticamente vacíos, no puedo ni quiero pedir más. Me he convertido en quien quería. Ahora, solo me queda poco más de dos horas para seguir disfrutando hasta el siguiente pase. Pero no es momento de pensar en ello. Como bien se dirá unas canciones más adelante, Not day but today. Hay que vivir aquí y ahora.

 

Measure, measure your life in love.

José Santínez

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