El terror. O lo amas o lo odias. Pero ¿por qué algunas historias nos causan pavor y otras en cambio nos dejan fríos como cadáveres? Eso tiene mucho que ver con el tipo de miedo que más afecte al lector y es importante que los conozcamos para saber qué subgéneros del terror nos son más útiles en nuestra historia.

El miedo

El miedo es un instinto de supervivencia sin el cual nos habríamos extinguido nada más aparecer en el mundo. Es el miedo el que te dice «oye, mejor no hagas esto, puede no ser bueno». El miedo nos avisa de que algo puede ser perjudicial para nosotros y nos ayuda a tomar mejores decisiones, pero qué bonita es la teoría, ¿no?

El miedo dista mucho de ser un compañero amigable que nos da consejos de forma racional. No. El miedo te acelera el corazón para mandar toda la sangre posible al órgano que más lo necesite (ojos para ver mejor al depredador, piernas para salir corriendo, brazos para defendernos por la fuerza… ), lo que hace que, cuando somos capaces de superarlo, se convierta en pura adrenalina (y no olvidemos que es una sustancia adictiva), y cuando no somos capaces de defendernos, se transforme en una explosión de energía desaprovechada y aparecen la angustia, la parálisis y la parte más desagradable del miedo.

Cada persona tiene un umbral diferente de tolerancia al terror. Cuando vas consumiendo adrenalina en pequeñas cantidades, vas necesitando cada vez más. Mientras que, si recibes más de lo que puedes soportar, es probable que la sensación no te guste en absoluto y prefieras evitarla a toda costa.

Los miedos se aprenden y tienen un componente social muy fuerte. Es muy habitual que en Europa una persona sienta miedo por los roedores. Pero cada cultura tiene sus propios miedos que responden a las amenazas que más afectan a su zona.  Incluso a nivel más pequeño existen diferencias enormes. Por eso, lo que asusta a una persona, puede dejar indiferente a otra. Se pueden crear dos grandes categorías del miedo, dependiendo del tipo de estímulo que lo despierta:

Miedo a lo real: Responde a elementos y situaciones reales. El miedo a las alturas sería un ejemplo. Un asesino o un animal violento también servirían como ejemplos.

Miedo a lo irracional: Responde a elementos imaginarios, supersticiosos o fantásticos. Posesiones, fantasmas, maldiciones…

Normalmente las personas son más sensibles a un tipo de miedo que al otro, pero eso no significa que no tengamos todos al menos un poco de cada uno.

¿Que por qué os cuentamos este rollo? Pues, aparte de que es muy interesante, porque explica que se hayan creado distintos subgéneros del terror a lo largo de la historia.

Géneros que marcaron una época

Los miedos también responden a situaciones concretas. Y el devenir de la historia ha despertado también ciertos miedos a los que puede que hoy en día no seamos tan sensibles. ¿A un hombre del siglo dieciséis que había participado en varias guerras antes de cumplir los veinticinco le daría miedo que un vecino se colara en su casa con un cuchillo? Probablemente no.  ¿Podría eso a asustar a cualquier persona del siglo veintiuno que solo coge algo con filo para enfrentarse a un filete de ternera? Creo que hablo en nombre de todos nosotros cuando digo SÍ.

Así pues, vamos a ver muy brevemente qué generos surgieron en un momento histórico determinado.

Leyendas y cuentos:

Mostruos marinos, criaturas del bosque, brujas secuestraniños… ¿Qué tienen en común estos elementos? Todas ellas eran herramientas para educar sobre los peligros que acechaban en esos momentos. Hoy en día lo que queremos lo tenemos en el supermercado más cercano, pero entonces, si querías peces te tenías que mojar el culo. La naturaleza y el hombre estaban más unidos que ahora y la mortalidad infantil también era un problema muy serio que debía prevenirse enseñando a las jóvenes madres cómo no desatender a sus criaturas.

Mezclan muchos elementos reales y fantásticos, ya que la mentalidad de entonces no entendía de una sin la otra.

Son historias que se cuentan no con el fin de asustar, sino con el de prevenir. Por eso hoy en día nos sorprenden los finales tan macabros que tienen algunos cuentos infantiles (y no tan infantiles) de la antigüedad.

Buenos ejemplos serían Hansel y Gretel, las aventuras de Odiseo, el sacamantecas…

Terror gótico:

Se dice que no nació el género literario del terror hasta la aparición de la novela gótica, popular entre los siglos XVIII y XIX.

Surge en Inglaterra en una época en la que se empieza a tener noticias de lugares lejanos, exóticos, leyendas diferentes a las escuchadas durante siglos. Tienen altos niveles de fantasía, y es que responden al movimiento filosófico del racionalismo que imperaba en ese momento. Frente al uso estricto y frío de la razón, había personas que sentían que debía haber algo más, algo inexplicable que despertaba en ellos al ver viejos castillos, cementerios o una simple tormenta.

Tiene una gran carga psicológica, pues su principal motor es el estímulo emocional. El peligro se intuye más que verse. Es la época dorada de los vampiros y los hombres lobo.

Ejemplos de este género serían El Castillo de Otranto o Carmilla.

Romanticismo oscuro:

Hijo legítimo del terror gótico. Surge en el siglo XIX en Estados Unidos. Se sigue anteponiendo el sentimiento a la razón pura, pero a esta se le añade un profundo pesimismo. Ven al ser humano como un ser débil e imperfecto, por lo que sus personajes suelen ser causantes de su desdicha, propensos al pecado… Y la naturaleza y el destino tienen formas siniestras de castigarlos.

Ejemplos más que conocidos serían Edgar Allan Poe o la novela Moby Dick.

Cosmicismo:

Otra vez, es un paso más allá respecto a su predecesora. Comparte muchas de las características anteriores, solo que ahora lo exótico y desconocido no es oriente, sino el espacio y lo que esconde.

Su creador y mayor exponente es Howard Phillips Lovecraft y sus muchísimos seguidores.

Pulp:

En respuesta a las anteriores surge en el siglo XX la literatura Pulp. Preocuparse por el espacio o por cosas lejanas era cosa de ricos, además de que eran libros que un trabajador humilde no se podían permitir. Así que surge entre las clases populares un tipo de terror más afín a ellos y más barato (de ahí el nombre: «pulpa» hace referencia al papel de mala calidad en el que se imprimían estos folletines).

Se quedan los sentimentalimos fuera, esta gente a lo que tiene miedo es a la violencia, al asesinato y a la violación (ya sabemos que en lugares pobres, donde la gente vive hacinada, la violencia es más habitual de lo que nos gusta pensar). Sigue habiendo vampiros, alienígenas y elementos paranormales, pero sus apariciones se vuelven mucho más agresivas, sangrientas y sexualmente explícitas. Cualquier vecino puede ser un asesino.

El collar de perlas es la historia de un barbero asesino en serie que hoy en día conocemos por la versión de Sweeney Todd.

Subgéneros literarios del terror

Actualmente los subgéneros literarios se clasifican en tres (para nuestro gusto, de una forma bastante imprecisa). Pero hay que tener en cuenta que las clasificaciones por género son más una cosa editorial que estricta, así que no lo tomemos más que como una guía para facilitarnos el elegir el tipo de novela que es más probable que se ajuste a nosotros.

Uncanny:

Significa literalmente «siniestro», «misterioso». Muy habitual en las novelas orientales. Consiste en crear malestar a través de discordancias en el mundo real. Un elemento aparentemente inofensivo aparece como sospechoso por alguna razón: no está en su lugar habitual o tiene algún elemento que transmite esa sensación de que «algo no está bien». Juega mucho con la imaginación del lector y le deja casi todo el trabajo a la hora de crear esas amenazas.

Fantastico o sobrenatural:

El terror literario por excelencia juega con elementos sobrenaturales: fantasmas, casas encantadas, cementerios malditos…

Nos ha llegado una gran influencia del mundo estadounidense y se ha creado en el imaginario europeo una serie de terrores que nunca antes habíamos tenido (¿a quién le suponía un problema un campo de maíz hasta hace poco?).

Es, probablemente, el subgénero que nos viene a la mente cuando pensamos en una historia literaria de terror.

Psicológico:

Juega con la mezcla de los dos anteriores. ¿Ocurre algo sobrenatural? ¿Es producto de tu imaginación? Es probable que acabe el libro sin que llegues a saberlo.

Subgéneros «no literarios» del terror

Oficialmente no se los reconoce como subgéneros literarios dentro de la literatura, pero es innegable su existencia. Derivan de los subgéneros del cine y la televisión y son de creación moderna (en teoría, porque existen ejemplos en todas las epocas, así que podemos decir que se han clasificado oficialmente hace poco).

Slasher:

Deriva de las películas donde un asesino va atacando en serie a una serie de personas (generalmente jóvenes). El número de muertes es alto y no hay una gran profundidad en los personajes (no da tiempo). Se le acusa de estar lleno de clichés.

Gore:

El miedo deja paso al asco. Lo impotante no es la tensión, sino el morbo. La violencia se reinventa constantemente, creando formas más viscerales y sangrientas.

Ecoterror:

La naturaleza se ha cansado de nosotros y quiere su venganza. Cambios climáticos devastadores, animales enfurecidos… El enemigo no es un ser humano al que se pueda dar caza, es algo mucho mayor que cualquiera de nosotros y que ataca a todo aquel que esté en su camino sin hacer distinciones entre buenos y malos. La versión moderna de los castigos divinos.

Ciencia Ficción de terror:

No es un invento reciente en sí mismo. Pero la presencia cada vez mayor de ciencia ficción hace que se mezcle más a menudo con otros géneros y ha llegado el punto en el que películas como Alien tienen su propio nicho de espectadores.

Estos son los géneros que tradicionalmente se mencionan y los que nosotras hemos considerado relevantes. No obstante, como ya hemos dicho, el tema de los géneros es muy impreciso, así que puede que no todo el mundo use la misma clasificación. ¿Conoces algún subgénero que no hayamos mencionado? ¿Te ha sorprendido alguno de los que sí hemos hablado? Déjanos un comentario y cuéntanoslo.

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