La pregunta que más veces nos han hecho (y nos hemos hecho) y el problema que más confiesan los escritores es precisamente ponerse a escribir.

Rápidamente alegamos falta de tiempo, pero, salvo en casos muy puntuales (por ejemplo, eres madre soltera de cinco hijos pequeños y estamos en vacaciones de verano) en realidad se trata de un problema de organización. No te sientas culpable por ello, no estoy diciendo que sea culpa tuya. Es algo que nadie nos enseña a hacer, pero la buena noticia es que tiene solución.

Esperamos que estos pequeños consejos te ayuden a lograr avanzar en ese proyecto que tienes en mente y que, dentro de poco, consigas hacer que vea la luz. Si has llegado hasta este artículo es porque tienes ganas y motivación para lograrlo, así que, con eso, ya tienes la base necesaria.

Necesitas estos consejos si:

  • Has escrito siempre de manera puntual, quizá en un cuaderno, quizá en tu móvil, y quieres ponerte manos a la obra con algo más serio.
  • Has empezado un proyecto pero no consigues avanzar como te gustaría.
  • Tienes un proyecto en mente pero nunca encuentras tiempo para dedicarle.
  • Cuando por fin encuentras tiempo para escribir no te resulta productivo, te distraes, te interrumpen, te bloqueas… El caso es que inviertes horas y apenas avanzas unas cuantas palabras.

Los siguientes consejos están basados en nuestra experiencia, pero también en la de muchas otras personas (de distintos sectores) y tienen que ver con técnicas de productividad. Pero, no queremos profundizar mucho en todo lo que hemos estudiado, así que te resumimos muy brevemente los primeros pasos para intentar salir de ese bloqueo escritor. Pruébalos, incluso si alguno no te convence a simple vista, puede que te sorprenda al final. Pero, si ni aún así te funciona (cada persona es diferente y puede que tu problema no sea el de la mayoría de la gente), no te desanimes. Puedes dejarnos en un comentario tu caso o pedirnos una consultoría personal para que nos centremos en ti y busquemos soluciones.

Ahora sí, vamos a meternos al lío, que es para lo que has venido aquí.

Encuentra el momento

Con la vida tan ajetreada que llevamos la mayoría cuesta encontrar un momento para sentarse a escribir. Y cuando tenemos tiempo libre parece que al final tampoco nos ponemos a ello. Entonces ¿es realmente un problema de tiempo?

En la cultura de «vales lo que produces» en la que nos han educado, tenemos otras prioridades: el trabajo, el cuidado de nuestra familia, de nuestra casa… Es difícil que nos sobre tiempo de forma natural para escribir porque, si nos queda algo, lo necesitamos para descansar y despejar la mente de todas las preocupaciones que hemos tenido durante el día. No te sientas culpable (voy a repetir esa frase hasta la saciedad, luego veremos por qué). No somos máquinas, necesitamos desconectar y hacer algo que nos apetece. ¿Quieres ver una peli? Hazlo. ¿Quieres pintar mandalas? Hazlo. Cuidar de ti también debería estar en la lista de prioridades que hemos mencionado y muchas veces nos olvidamos de ello.

Vale, pero ¿entonces cuando escribo?

Si realmente quieres escribir, vas a tener que dedicarle tiempo. Eso es así. Pero quizá no tanto como piensas. Igual que si fuera una reunión de trabajo o una actividad deportiva, dale a la escritura un tiempo fijo.

Mi recomendación es que, si estás empezando, no le des demasiado. Los grandes cambios se instauran poco a poco. Si no tienes la rutina de escribir, no tienes por qué hacerlo todos los días (aún). Una hora a la semana es más que suficiente para empezar y ya irás ampliando cuando ese ratito haya empezado a formar parte de tu rutina.

Agéndalo y respétalo. Avisa a quien tengas que avisar (familia, pareja, amigos) de que no vas a estar disponible. 

Sentir que te acompañan en este proceso puede ayudar. Así que te ofrezco que te unas al momento de escritura que tenemos en el club todos los domingos desde las 11 hasta las 13:30 (o desde y hasta que tú puedas unirte). Los participantes suelen repetir y ya han hecho de los domingos el momento en el que la escritura se vuelve su prioridad. Únete, saluda y comparte con nosotros tu experiencia. Conocer a otros que pasan por lo mismo que tú es alentador.

Encuentra el lugar

Este punto es uno de los dos que menos se respeta. Pensamos que cualquier lugar es bueno para ponernos a escribir, pero no imaginamos lo equivocados que estamos (eso sí, cualquier lugar es mejor que no escribir por no encontrar un buen lugar).

El cerebro es un ser de costumbres y la psicología ha demostrado que se condiciona fácilmente. Así que, si te pones a escribir en la cama, se le ocurrirán otras muchas cosas que podrías estar haciendo (leer, dormir, jugar con el móvil o con cualquier otra cosa que tengas a mano…). El salón puede ser una opción un pelín mejor, pero muchos de nosotros comemos y vemos la tele ahí… No, tampoco es el remanso de paz que necesitamos, sobre todo si hay más gente que conviva con nosotros.

Lo ideal es tener una mesa que utilicemos única y exclusicamente para escribir, pero ese es un sueño al alcance de pocos, así que vamos a intentar construirnos ese oasis con lo que tenemos.

Busca un sitio donde no te molesten

Si tu familia hace vida en el salón, no es un buen lugar para ponerse a trabajar. Si tienes una mesa en la cocina, el comedor o en la habitación, úsalas en lugar de la del salón.

Párate a pensar en cuál es el lugar menos visitado en el horario que has elegido para escribir, conquístalo como propio y usalo siempre en lugar de ir cambiando. Puede que la sala que menos se use no tenga una mesa libre para ti, en ese caso, podría ser interesante conseguir una mesita supletoria (de estas plegables). No son caras y son fáciles de guardar, así que podría ser una solución.

Hay personas que prefieren ir a otro lugar: cafetería, biblioteca, parque… Perfecto, si es tu gusto, adelante. Pero ve siempre al mismo sitio y úsalo solo para trabajar. Estás educando a tu cerebro a que haga la relación entre espacio y trabajo. No lo vas a lograr si tiene otros estímulos.

Elude las distracciones

Ya, qué fácil es decirlo. Ibas a estar aquí leyéndome si la solución fuera tan sencilla. Bueno, no, no lo es. Las distracciones son distracciones por algo. Hay mil razones por las que procrastinar y todas ellas son buenas (y nos gustan).

Pero vamos a centrarnos en las que son más habituales e importantes. Se puede eliminar (o al menos disminuir) su influencia. Confía en mí. Y, si no confías, al menos compruébalo.

Lo más importante que debes saber es que no pasa nada si no conseguimos atajarlas de raiz desde el primer momento. Las palabras se construyen letra a letra, así que tu objetivo no es llegar al destino, sino avanzar. ¿Conseguimos distraernos un poco menos que la última vez? Perfecto. Ahora un pasito más.

La familia:

Suena feo decir que la familia nos molesta, así que diremos que… No, no se me ocurre forma bonita de decirlo. Para escribir necesitas tiempo para ti. Punto. No está mal. No te hace egoista. No te hace quererlos menos. Tú también eres (o deberías ser) una persona importante en tu vida y también tienes que dedicarte tu tiempo. Incluso para tus hijos puede ser una bonita lección aprender que tú también eres una persona con necesidades. Piensa que eres el ejemplo que van a seguir cuando crezcan (pero, para ese tema, mejor consulta con personas que se dediquen a ello, yo no voy a profundizar más, que no es mi campo y «Zapatero a tus zapatos»).

En cualquier caso, es normal que al principio a tu familia le cueste respetar la decisión de aislarte de ellos para hacer algo tan «simple» como escribir. No pasa nada. Si haces respetar ese momento, se acabarán acostumbrando y cada vez tendrás que luchar menos por él.

Salvo cosas muy contadas, todo lo demás puede esperar media hora a que termines. Quizá tengas que tener un poco de mano dura al principio, pero si les explicas lo importante que es para ti, lo acabarán entendiendo y cada vez te interrumpirán menos a menudo.

Lo mismo pasa con las llamadas y los mensajes. No tienes por qué cogerlo si no es por una cuestión importante y urgente (que se yo, tu mujer ha salido de cuentas). No te sientas mal por no estar disponible 24 horas al día. Cualquier charla o consulta puede eperar una hora. Les puedes llamar o escribir cuando termines. A la larga notarás que esta pequeña desconexión incluso es un alivio.

Redes sociales

Por razones muy similares a lo anterior, las redes sociales son uno de los mayores distractores que existen. Son la adicción del siglo XXI y casi todo el mundo occidental la padece en mayor o menor medida. 

Usamos las redes para relacionarnos, para descubrir, para trabajar… Hay mil excusas para abrir la aplicación. Pero nos quita tiempo y, sobre todo, concentración a la hora de escribir.

No te voy a decir que no uses las redes sociales mientras escribres. Eso sería demasiado fácil. Si se trata de una verdadera adicción es precisamente porque ¡¡no es tan fácil!! Está demostrado que es una patología real, así que no se cura con consejos gastados y vacíos.

Antes de nada, dejemos claro algo: si dejar las redes sociales de lado unos minutos te produce una verdadera ansiedad, consuta con un experto que te ayude, que para eso están.

Para todos los demás, adictos de nivel medio como yo, hay opciones intermedias. Como todos los consejos que he dado en este artículo, la clave está en hacerlo gradual. Si no soy capaz desde un principio de no mirar el móvil en una hora que voy a dedicar a la escritura, pongamos metas más sencillas. Miremos las redes sociales, sí, pero menos.

No recomiendo ponernos límites de tiempo, porque a mí no me funcionan, pero si a ti sí, adelante (y cuéntamelo, por favor). Conmigo funciona mejor tomarme permisos por bloques. Ese whatsapp puede esperar a que termine este párrafo, por ejemplo. Procuro no dejar párrafos  a medias para mirar el teléfono (y desde luego frases sí que no). E incluso entonces, solo miro las notificaciones para ver si hay algo realmente urgente que atender. Si lo hay, respondo a eso (y solo a eso) y me meto con el siguiente párrafo.

¿Fácil? Al principio no. Notar la vibración del móvil o ver su lucecita me sacaba de mi concentración y «necesitaba» comprobar qué era. Al tener metas pequeñas fui capaz de controlar el impulso. Dos minutos no es tiempo. A la larga, casi ni me daba cuenta de las notificaciones que llegaban y cogía el móvil por costumbre al acabar el párrafo. Incluso, tiempo después, dejé de necesitar mirar el teléfono entre párrafo y párrafo. Sigo siendo adicta, sí, pero he enseñado a mi cerebro a que, cuando escribo, no le hace falta mirar el teléfono.

Cuidado con las expectativas

El ser humano es experto en meterse presión innecesaria. ¡Cómo nos gusta! No podemos evitarlo, somos impacientes, queremos las cosas para ya. Pero, en realidad, muy pocas veces funciona así.

Los propósitos están bien, pero muchas veces nos ponemos propósitos muy altos sin darnos cuenta. Por ejemplo: escribir una hora al día no es mucho, ¿no? Pues sí, lo es. Si no has escrito antes y no tienes rutina de escritura, tener la voluntad de escribir todos los días es mucho. ¡Y encima esperamos conseguir un mínimo de palabras! Apaga, hemos fracasado antes de empezar.

¿Fracasado? Es sorprendente la de veces que aparece esta idea en nuestra cabeza. Si no conseguimos lo que nos hemos propuesto es que «hemos fracasado». ¡Puf! ¡Ale, ya tienes un bloqueo escritor! «No eres bueno para esto», «Deberías dedicarte a otra cosa», «Eres una mierda porque no puedes conseguir un objetivo tan simple como escribir un poquito de nada cada día»… Vaya manera de autoabofetearnos, ¿no? ¿Y para qué? Ni la mejor versión de nosotros mismos podría haberlo conseguido sin un poco de paciencia. No eres un fracaso, ¡eres impaciente!

¿Acaso participas en una maratón de 10 km sin entrenar? No, ¿verdad? ¿Y por qué esperas lograrlo con la escritura? Como me dijo una vez un (no)cliente «escribir es fácil, puede hacerlo cualquiera». Permite que me ría. Si quieres dedicarte a esto, empieza por valorar el trabajo: juntar letras para construir una frase es fácil, pero escribir no lo es. Así que no te sientas mal por no empezar al mismo nivel que aquellos que tienen más experiencia. 

La mayor parte de bloqueos vienen de expectativas frustradas que desembocan en inseguridades. Además, se hacen cada vez más gordas porque la siguiente vez que lo intentas (si es que llegas a hacerlo) vas ya con la idea de que no vas a conseguirlo. ¿Ves a donde quiero llegar?

Las metas de palabras están bien, pero no sirven de nada si no conoces tus límites actuales. Hay que forzar esos límites poco a poco. ¿Escribes una hora a la semana y ya te quedas con la sensación de que no es suficiente? Vamos a alargar un poco ese momento. Escribe una hora y media. Luego dos. Luego añade media hora en cualquier otro día a la semana. Cada vez escribes más, te distraes menos y te concentras mejor. Por que has logrado el verdadero objetivo: no escribir tal cantidad de palabras, no. Has cogido la rutina de escribir.

Un par de consejillos extra:

  • Incluso cuando hayas conseguido la rutina, habrá días que no te concentrarás de ninguna manera. A veces hay situaciones familiares que nos abruman, hemos dormido mal o simplemente el cuerpo te dice que no es el día. Por ejemplo, durante el periodo, algunas mujeres tienen dificultad para concentrarse. ¿Significa esto que tengamos que martirizarnos por no poder trabajar? Ya sabes que mi respuesta iba a ser no. Si necesitamos un respiro, tomémonos un respiro. Y si, simplemente no podemos concentrarnos, pues aprovechemos ese estado mental de caos: haz lluvia de ideas para escenas, conflictos, personajes, investiga algo nuevo, escribe un poema sobre lo poco que te concentras. Conoce tus ciclos, tus momentos, y aprovéchalos. Cuando vuelvas a tener concentración ya revisarás lo que ha salido de ahí y le darás coherencia.
  • Planifica: Nos pensamos que escribir es sumar palabras y, a no ser que seas un escritor brújula empedernido, la escritura requiere de muchas otras cosas que no contabilizamos como trabajo. ¿No sabes a qué me refiero con eso de brújula? Te lo cuento en este artículo. Yo soy escritora mapa convencida (aunque no siempre, también me gusta brujulear de vez en cuando) y puedo darte mil razones por las cuales es bueno planificar, pero, en realidad, eso es algo que tienes que descubrir por tu cuenta. De nuevo, conócete y trabaja con la materia prima que tienes.
  • Por si no lo he dicho suficientes veces: Deja de agobiarte. No busques culpables, busca soluciones. Aun en el caso de que fueras la persona más desastrosa del universo (que, por estadistica ya te digo yo que no), siempre habrá algún aspecto que puedas trabajar para mejorar. No pierdas el tiempo quejándote de lo «mal escritor que eres», busca un solo frente a la vez y mejora en ese aspecto. Paso a paso, letra a letra, se construyen universos.
  • Y disfruta, coño, que si no ¿pa’ qué?.

Estas son las bases que promovemos en el club Cyrano a la hora de enfrentarnos a la escritura. Si no le gustan, tenemos otras. Cada mes compartimos un nuevo artículo, así qu no dudes en dejarnos un comentario con tu opinión, tu experiencia o con sugerencias de temas que te gustaría que tratásemos (ya sean de escritura o de marketing).

Y, recuerda, si te ha gustado, compártelo. Así nos ayudas a llegar a más gente y puede que a alguien de tu entorno le vengan bien estos consejos.

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