Me muevo despacio. Aquí dentro no tengo demasiado espacio y si lo hago rápido, quizás le haga daño a mamá. Sé que a ella le gusta que me estire, cuando lo hago escucho el sonido de su suave risa y mis labios no pueden evitar estirarse para imitarla cuando eso ocurre.

Ella siempre dice que mi sonrisa será preciosa, aunque yo no puedo verme, estoy segura de que le gustará. No lo digo porque sea mi madre, es que escucho sin parar cómo presume ante todos de lo inteligente y fuerte que será su pequeña; pero nunca se olvida de resaltar lo de la sonrisa. <<Será espléndida>>, dice siempre.

No paro de estirar las piernas, pero el sonido que tanto me gusta no llega a mis oídos. Lo repito una vez más para estar segura, pero lo único que escucho es un leve gemido de dolor. Mi pequeño corazoncito se acelera aún más de lo normal. Mi mamá está enferma, algo le está haciendo daño, puedo sentirlo.

Quiero ayudarla y sé que puedo hacerlo; aunque primero debo saber cuál es el problema. Me concentro al máximo en los sentimientos de la mujer que me lleva dentro hasta que noto que su dolencia proviene de uno de los riñones. Dobla un poco su cuerpo y suspira antes de sentarse muy despacio.

No puedo esperar más para curarla, así que envío a mis pequeños soldaditos (como me gusta llamarlos). Se separan muy despacio de mi cuerpo y observo como se alejan hasta que dejo de verlos. No puedo seguirlos, por eso estoy un poco preocupada, aunque sé que lo harán bien, que llegarán hasta el lugar que está creando problemas a mi mamá y la ayudarán a curarse.

Ya ha pasado un buen rato. Escucho un nuevo quejido que me hace estremecer; están tardando demasiado. Normalmente, al poco tiempo de enviarlos comienzo a notar como el órgano dañado empieza a recuperarse porque mis soldaditos trabajan raudos y eficaces.  Algo debe estar ocurriendo y no puedo hacer nada. Esto es tan… ¿Cómo dicen los mayores? Frustrante. Sí, eso es, frustrante.

He estado tan ocupada y enfadada porque no puedo hacer nada más que esperar que no he notado que las cosas han comenzado a cambiar en el interior de mi mamá, pero ella me avisa.

—Estás ayudándome, ¿verdad, pequeña? —dice muy bajito.

Cierro los ojos feliz, me gusta tanto su voz. Por fin todo empieza a salir bien. Me encantaría poder hablar con ella, o con su mente. Yo puedo escuchar lo que ella piensa, pero ella nunca responde a mis pensamientos, así que creo que no los oye. Es una verdadera lástima, porque podría decirle que esté tranquila, que la quiero mucho y que la ayudaré. Solo tiene que esperar un poquito más.

Me quedo muy quieta, creo que nunca lo he estado tanto. Es muy importante que nada me impida saber si el riñón se está recuperado. Aún no lo está del todo, pero siento cómo el dolor está desapareciendo. Sonrío de nuevo.

<<Aguanta, mamá>>, pienso deseando que pueda escucharme.

—Lo haré cariño, confío en ti.

Su respuesta me pilla por sorpresa. No sé qué ha pasado, pero rápidamente intento comunicarme con ella de nuevo:

<<¿Mamá? ¿Puedes oírme?>>

Nada, solo silencio. Era demasiado bonito para ser verdad. Quizá estaba nerviosa y lo he imaginado. Bueno, podré hablar con ella cuando salga de aquí, lo que más importa ahora mismo es que por fin se ríe y yo me muevo para que lo haga otra vez. Ya está curada, podría pasarme el día escuchando ese sonido. ¿Habrá algo más bonito?

Siempre escucho a todos hablar de cosas hermosas: los paisajes, los poemas, las flores, el amor… No sé qué son esas cosas, pero estoy completamente segura de que ninguna de ellas es tan maravillosa como la risa de mi madre.

Se está levantando. No suspira, no se queja, todo ha sido perfecto.

—Eres un ángel, cariño. —Yo paro de moverme. Quiero escucharla bien—. No tengo ni idea de cómo lo has hecho, pero sé que has sido tú.

—¿Qué ocurre? —Ahora es papá el que habla.

—Nuestra pequeña guerrera lucha por mí. Me ayuda cuando estoy enferma, estoy segura.

No sé qué hacen porque se quedan callados, entonces noto cómo mi papá le da un beso muy cerca de mí, casi me toca la manita.

—Será tan fuerte como siempre dices. Estamos deseando verte, cielo.

<<Yo también>>

—Lo sabemos —los dos contestan.

¿Han vuelto a escucharme? Creo que no, que solo responden lo que se les ocurre, lo que creen que deben decir. Supongo que cuando crezca podré preguntarles. Hasta entonces disfrutaré de este sitio tan calentito y del sonido de la risa de mamá.

María Galindo

Nota de la autora:

Dato curioso en el que se basa mi relato:

Los bebés pueden curar a sus madres en el vientre.

No solo las madres cuidan de sus hijos, sino que los bebés también cuidan de sus madres. Mientras se encuentra en el útero, el feto puede enviar sus propias células madre a los órganos dañados de su progenitora para restaurarlos. La transferencia e incorporación de células madre embrionarias en los órganos de la madre se llama microquimerismo uterino.

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