Hola, escritoras y escritores!

Mucho se habla de la importancia de saber aceptar una crítica, pero poco del delicado arte de hacerla. A muchos de nosotros nos aterra la idea de exponer nuestra obra al público por miedo a lo que nos digan sobre ella. ¡Y con razón!

El objetivo de una crítica

No nos gusta demasiado el término crítica porque a día de hoy tiene una connotación bastante negativa. En cambio preferimos la palabra valoración. Suena mucho más neutral y me parece más exacto con el objetivo real de una opinión.

Ya sea sobre un trabajo artístico, sobre el aspecto de alguien, sobre un comportamiento o sobre cualquier otro aspecto del que nos pidan opinión, el objetivo se presupone que es siempre el mismo: ayudar a que haya una mejora. Si se trata de una persona a la que tienes un poco de cariño o a la que, al menos, respetas un poco, mejor pararse a pensar qué queremos decir antes de decirlo.

Volviendo a la suposición de que la crítica busca ser de ayuda, tenemos que ver de qué forma queremos ayudar exactamente:

Si queremos animar a alguien que se muestra inseguro lo mejor es centrarse en los aspectos positivos. Puede que su obra no sea muy buena, pero remarcarle todos y cada uno de los errores que tiene no le va a ayudar a mejorar, solo hará que se vaya a un rincón a llorar y a plantearse a qué dedicarse a partir de ahora. Buscando qué parte de su trabajo es la que sí funciona le ayudamos a que en futuros proyectos conserve esa parte y experimente con el resto sintiéndose más seguro.

Si lo que queremos es corregir algo que no funciona del todo bien, el principio es muy parecido al anterior, solo que iremos un paso más allá. Las personas son más receptivas a una crítica después de haber recibido un elogio. ¿Por qué? Bueno, al recibir el elogio en primer lugar, la sensación es de que el aspecto positivo llama más la atención que el negativo. Es una cuestión de psicología, no es lo mismo tener un buen trabajo con alguna cosa que mejorar a tener un churro con algo que se salva, aunque en ambos casos pueda definir lo mismo.

Si el trabajo está plagado de errores, debemos fijarnos tan solo en los más urgentes. Si damos una crítica con un listado interminable de defectos lo más probable es que la otra persona sea incapaz de memorizarlos todos para la próxima vez. Por eso, si alguien no sabe atarse la corbata no le empieces a contar la diferencia entre el nudo “medio Windsor” y el “Eldredge”. Una vez tenga pillado lo básico, pasa a sugerirle algo un poco más complicado.

En resumen: procura empezar siempre buscando algo positivo que decir. No te calles las cosas positivas. Es importante que la persona sepa lo que hace bien para que no cambie esa parte. Los consejos dosifícalos y adáptalos a las exigencias. No le pidas a un niño que te pinte la Capilla Sixtina.

Cómo hacer sugerencias

Hay muchas formas de dar una opinión y muchas veces pensamos que con que sea una opinión sincera basta. ¡Pues no! Evidentemente que debe ser sincera, pero no hagamos leña del árbol caído. Nadie nace sabiendo. Valora el esfuerzo y las circunstancias.

  • Evita el uso de sentencias como si fueras un juez y procura proponer alternativas o ser específico en el aspecto a mejorar. Es decir: Evita el uso de expresiones del tipo “Está mal”, “No puede hacerse así” igual que los imperativos “quítalo”, “cámbialo”, etc.
  • En lugar de eso prueba con sugerencias. Si algo no te gusta propón una alternativa mejor. A lo mejor ha usado esa porque no ha encontrado otra mejor. Sé de ayuda.
  • Explica por qué haces esa sugerencia. Por ejemplo, hace poco recomendábamos a uno de los autores del club que no usara un vocabulario tan enrevesado. ¿Ese lenguaje está mal? ¡Para nada! El problema era que usaba un narrador protagonista y se trataba de un chico joven del siglo XXI. Ese lenguaje tan elevado no ayuda a hacer creíble el personaje, en cambio es ideal para un relato de época.
  • Recuerda que tu opinión no es más que eso, una sugerencia (salvo en el caso de las faltas de ortografía, ahí la RAE te ampara).
  • No compares. Algo muy típico en las familias. “Pues tu primo ya hace no se qué cosa solito”. Si no quieres que alguien deje de hacer algo porque “¿para qué? Otra persona lo hace mejor que él”, céntrate en lo que tienes delante.
  • Se sincero. En lo bueno y en lo malo. No adules, no hace falta. Siempre hay algo bueno. Entrena tu capacidad para encontrarlo. Y si no hay nada bueno es que esa persona ha alcanzado un nivel extraordinario de “estilo propio”. Muchos artistas se han hecho ricos con eso.

Recuerda que estas normas están pensadas para valorar un texto literario, pero pueden aplicarse a cualquier otro aspecto de la vida. Aprende a hacer valoraciones verdaderamente constructivas y ayudarás a mucha gente a mejorar y crecer. 

Esperamos que os sea de ayuda.

¡Nos leemos!

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