Este último grupo ha logrado salir casi con el tiempo justo. Me han caído bastante bien los chicos, lo reconozco. Supongo que es normal, si es verdad que han estado en tantas salas antes. De hecho, no ha habido mucho que recolocar. Voy a  aprovechar el tiempo que tarde el siguiente equipo para subir la foto. Han dicho que se llamaban… «Gatomantes», creo. Tomo el móvil y lo compruebo para darme cuenta de que tengo razón.

         No ha tardado en subirse, lo justo para que lleguen los siguientes, que resulta ser una pareja. Es un caso extraño, porque el chico estuvo el pasado miércoles aquí para pedirme que colocara un sobre cerrado en la última parte. No le di importancia, lo he hecho, sobre todo porque pagó al momento.

         ―¿Habéis hecho alguna sala antes? ―Siempre hago la misma pregunta. Esto está de moda, así que es muy probable que la respuesta sea afirmativa.

         ―Sí ―dice él―-. De hecho, llevamos unas 20.

         ―¿Cuándo se nos puede empezar a considerar adictos? ―Ríe ella.

         ―Lleváis buen camino. Después de esta a lo mejor ya se os puede llamar así ―empiezo―. Bueno, sabéis cómo funciona: hay candados de combinación de izquierda a derecha o de arriba abajo, no hay acertijos que os obliguen a alzar la cabeza más arriba de la vista, no hay límite de pistas… Oh, aquí tenéis el walkie. No hace falta que pulséis el botón, os escucho en todo momento.

         ―¡Perfecto!

         ―Muy bien. Os cuento: hace no mucho, un hombre tuvo un accidente de tráfico junto a su prometida y murió en el acto, al contrario que ella, Rei Kurosawa, una prestigiosa fotógrafa que sigue viniendo a esta mansión, conocida como «Mansión del sueño», a tomar fotos para verificar la leyenda que se cuenta de ella. Esta trata sobre una mujer llena de tatuajes que atormenta a todo aquel que se atreve a entrar y mostrar la historia que nunca se conoció. Vuestro objetivo es, por supuesto, dar a conocer la historia y descubrir qué relación tiene Rei Kurosawa con esta fantasma con tatuajes[1].

         Muy motivados, los dos entran a la habitación y rápidamente se ponen a buscar cualquier pista que les pueda servir. Hacen un par de comentarios por la siniestra ambientación (bastante buenos, cosa que me alegra) y resuelven el primer acertijo sin mucho esfuerzo. Encuentran una cámara de fotos y un par de llaves e intentan abrir dos cajones distintos. Una de ellas funciona, la otra la necesitarán más adelante.

         Se desenvuelven bien juntos. Sí se nota la experiencia de los dos. Perciben que en un lado de la pared esta es distinta al resto y se preguntan si es una posible puerta y cómo se abrirá. No obstante, no le prestan mucho interés por ahora y continúan buscando. Toman todos los objetos del decorado y los comprueban desde todos los ángulos. Ella ha encontrado, dentro de una figura de porcelana, un gancho con una cuerda. Saben que sirve para sacar unas llaves inaccesibles con la mano en un hueco en de un pilar. Con mucho cuidado, lo consiguen después de un par de minutos. No se han dado cuenta, pero esas llaves tienen también una etiqueta. Abren el cajón del escritorio con una de las llaves y entonces se dan cuenta del papel. Él lo lee:

         ―«Ella lo quería, y eso no se podía consentir» ―No saben si significa algo, pero no lo descartan. El cajón, en principio, parece vacío.

         Pasada algo más de media hora, piden una pista. Estaban tardando, la verdad, así que les digo a través del walkie que deben usar la cámara en la puerta oculta. Rápidamente lo hacen y descubren un mensaje escrito en ella visible solo con luz negra que dice que en el cajón recién abierto hay un botón para abrirla. Lo hacen y entran por fin en la habitación contigua. No les queda mucho para terminar.

         Ahí, encuentran dos maniquíes en el suelo, uno de ellos mirando al otro. Ese mismo está pintado por todos sitios como si fuera un tatuaje enorme. Empiezan a inspeccionarlos, así como toda la habitación. No encuentran nada. Se les ocurre coger la cámara de nuevo y ven más mensajes por todos lados: «Yo lo quería», «Acabaron conmigo», «Me obligaron a verlo morir»… Este último mensaje les causa cierta curiosidad. Tras unos minutos debatiendo, se acercan al maniquí de ojos abiertos y ven que se los pueden cerrar. Con ello, consiguen abrir, por medio de un mecanismo, una trampilla en el suelo con un cofre.

         Han llegado a un punto muerto, pero, como es el último acertijo y están perdiendo tanto tiempo, les recuerdo una de las primeras llaves que encontraron al entrar y que no habían usado aún. Corren a por ella y abren el cofre. Hay dos sobres: el del juego y el del chico. Abren primero el del juego para descubrir el final de la historia y darse por finalizada la sala de escape: 48 minutos y 25 segundos.

         En lugar de salir, él pide a ella que abra el sobre y lo lea, cosa que hace:

         ―«Llevamos siete años en esto y creo que es hora de demostrar que podemos con otros siete, y con otros mil. Acepta este regalo, por favor».

         Mientras lo lee, él se ha arrodillado y ha sacado un anillo del bolsillo:

         ―Violeta, ¿me harás el honor de hacerme la persona más feliz del mundo como tu marido? ―Se le nota tímido ahora. Ella, entre sonriente, casi llorando y agitada, acepta. Los dejo salir.

         ―Eso no me lo esperaba ―digo―. Me alegro mucho por vosotros, de verdad. Habéis hecho, además, un buen tiempo.

         ―¡Muchas gracias! ―dice ella casi a gritos.

         ―Ahora la foto. Coged lo que queráis, aunque nos gusta sugerir a la gente que se ponga estas capas cubriendo la cabeza para taparse la vista, como lo que necesitaba la fantasma al ver a su amado… ―digo un poco con la boca pequeña. Es difícil sugerir algo así, sobre todo en esta situación tan especial para ello. Sin embargo, lo aceptan de buena gana y lo hacen.

         La foto, a pesar de lo que es, queda preciosa. Deciden besarse con las telas y queda un tipo de foto que nunca pensé que podría hacerse en una sala de escape. De hecho, acabo de decidir que sea el nuevo logotipo. ¡Gracias!

 

Nota del autor: el desenlace de la historia de la sala de escape he procurado no ponerlo aposta. No es una historia mía, sino de Keisuke Kikuchi y la compañía japonesa de videojuegos TECMO. Vi buen potencial en la historia de Project Zero III: The tormented para apoyar mi propia narración y lo aproveché, pero nunca ha sido mi objetivo destripar la trama entera. Disculpad el método (procuraré utilizar mi propia imaginación si volvemos a tener un reto similar)

[1] Nota del autor: historia extraída del videojuego Fatal Frame III, conocido en Europa como Project Zero III.

José Santínez 

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