Muchas veces, cuando leemos una historia, podemos admirar la enorme imaginación de la persona que lo ha escrito. Podemos soñar con llegar a escribir alguna vez algo así, pero siendo «realistas», dudamos de que realmente podamos hacerlo.

Lo mismo ocurre cuando por la calle vemos a una persona que tiene un cuerpo impresionante. Vientre plano, gluteos firmes, brazos tonificados (o cualquiera que sea tu gusto físico)… 

La buena noticia es que en ambos casos la respuesta es la misma: con entrenamiento y constancia tú también puedes conseguirlo.

La mala noticia es que hace falta entrenamiento y constancia para poder conseguirlo.

Gif, Mike entrenando con torpezaPuede que nuestros primeros intentos no parezcan un gran éxito, pero si seguirmos trabajando la cosa cambiará muy rápido.

La creatividad no es otra cosa que la capacidad de crear, es decir: la imaginación en funcionamiento. Nuestro capacidad de inventar está limitada por aquellas cosas que conocemos, pero a su vez es ilimitada por la infinita forma en la que nuestro cerebro puede reconstruir esa información.

Por ejemplo:

Como sé lo que es un gato y sé lo que es una serpiente, mi cerebro puede fácilmente imaginar un animal que tenga caractarísticas de ambas especies. He creado un nuevo ser: un felino venenoso y de cuerpo lleno de escamas (para qué quiero un ser como ese, es otra historia).

Enternecedora familia de mi nueva creación.

Con este sencillo recurso se han creado todas las historias del mundo (con mayor o menor acierto). Entonces, ¿se puede entrenar realmente la imaginación? Es fácil adivinar que sí.

Aquí dejamos una serie de ejercicios para que muscules tu imaginación:

1. Calentamiento: Alimenta tu mente

No solo la lectura (la buena lectura) es alimento para la imaginación. Cualquier afición que tengas puede ser una magnífica fuente de conocimientos. Exposiciones, revistas, viajes e incluso conversaciones. Abre todos tus sentidos a tu entorno, tienes una biblioteca inmensa de recursos a tu alrededor que llevas toda la vida ignorando.

Cuando alguien te critique por estar viendo una serie en la televisión o por ir a demasiados eventos, puedes decir «me estoy documentando para escribir». ¿No es genial?

Busca aquello que te gusta y adéntrate sin dudarlo.

2. Vive tu rutina con emoción

¿No te ha pasado alguna vez que vas andando por un camino que has recorrido cientos de veces y cuando llegas a tu destino te das cuenta de que no recuerdas nada del trayecto? Es una herramienta del cerebro que omite la información repetitiva. Pero como escritores nos conviene evitar esto (y también por seguridad, cruzar en este estado puede hacer que nos llevemos un susto).

El aburrimiento es el veneno de la creatividad. Si un libro no te gusta, déjalo. Invierte ese tiempo en otro que realmente te emocione. Fíjate en tu entorno, busca detalles que hasta ahora te habían pasado desapercibidos. ¿Cuántos encuentras? Mira a la gente con nuevos ojos, concéntrate en sus gestos cuando hablan. ¿Sonríen todos de la misma forma? ¿Se enfadan igual? ¿Hacen los mismos gestos cuando se preocupan? Todo esto te puede servir para darle mucha personalidad a tus futuros personajes.

*Advertencia: No recomendamos que te quedes mirando fíjamente a un extraño con un cuaderno en la mano. Así, tampoco es aconsejable ir enfadando a tus conocidos para comparar sus reacciones.

3. Experimenta

Hemos dicho que el aburrimiento es el veneno de la imaginación, ¿no? Pues bien, la censura es su cárcel.

Cuando crees una historia, al menos al principio, deja que tu imaginación suelte todo lo que se le ocurra. No le digas que una idea es tonta o mala. A veces, con un par de retoques, una idea en apariencia extravagante puede convertirse en una historia genial. Y, en el peor de los casos, habrá sido una práctica muy enriquecedora. No hay malas ideas de por sí. Hay formas interesantes o no interesantes de contarlas.

¿Qué te parece la idea de un anciano desatendido que llena de imaginación su profunda soledad? ¿Poco interesante? Pues a Cervantes, el Quijote le ha valido el título de inmortal.

¿Y si nos centramos en la construcción de un edificio gótico? Ken Follet lo convirtió en un best seller.

4. Ten a punto tu material

Experimentar está bien, pero si eso es lo único que haces, verás que aun tienes ciertas dificultades cuando te sientes frente a la hoja en blanco. ¿Y esto por qué? Nuestro cerebro, ese órgano que es el orgullo evolutivo del ser humano, es muy vago y si observa que una nueva información que ha obtenido no le es útil, la desecha. Vamos, que la olvida.

Por eso es bueno tener siempre a mano algo donde tomar notas. Para muchos escritores, es imprescindible llevar un cuaderno en el bolso (muchos de nosotros antes olvidamos las llaves que ese cuaderno), otros, más modernos, se apañan bien con las notas del teléfono o dejándose audios de voz.

Da igual qué método utilices. Prueba varios y elige el que mejor se adapte a ti. Incluso puedes ir cambiando en función de la situación. Pero apunta. ¿Que te viene una idea? Apúntala. ¿Un nombre interesante para un personaje? Apúntalo. ¿Una palabra que te inspira? Apúntala. ¿Un título llamativo?…

Creo que ha quedado claro el punto, ¿no?

¿Preparados?

¿Listos?

¡A escribir!

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