Hace unos meses me propusieron un desafío. Un reto en el que tan solo uno de mis sentidos debía ser potenciado. Iba de un lado para otro, sin saber bien dónde acabaría; la situación no cambiaba, realmente nunca cambió y yo necesitaba desconectar. Así que lo acepté buscando, quizá, reencontrarme a mí mismo.

            Pasaron muchos días, casi semanas hasta que me decanté por el sentido que pensaba era más adecuado: el oído. Con esa idea partí lejos de todo lo que conocía, allí comencé el entrenamiento. Cerré mis ojos, me centré en mi canal auditivo. Al principio, me costó tremendamente concentrarme. Ese lugar era idóneo para ello: una pequeña isla salvaje situada en algún lugar remoto y, en la cual, me hallaba sentado sobre la hierba fresca intentado percibirlo todo. Sin embargo, aquellos sonidos brotaban de todos lados. No podía captar nada con claridad. giphyHasta que un día, lo conseguí. Recuerdo que hubo una lluvia incesante que empezó con el repiquetear de pequeñas gotas cayendo, convirtiéndose después en una tormenta brutal a la que acompañó un vendaval inmenso. Su ulular retumbaba  por doquier, la furia de la naturaleza; a veces, parecía hablar, otras gritar y otras, gruñir. Fueron unos minutos intensos, después solo escuché la lluvia caer y una suave brisa canturreando. Ese fue el primer paso. El sonido iba y venía, mis oídos se desarrollaban cada vez más. Fui discerniendo todo lo que me rodeaba poco a poco: los árboles a través del viento al rodear este sus troncos y juguetear con sus copas o con sus hojas o con sus frutos; el mar con su llamada incesante a través de las olas pudiendo adelantarme al cambio de tiempo cuando estas se picaban; e incluso los animales que habitaban la zona: percibía su respiración. Llegó un momento en que podía oír hasta el pisar de las hormigas y el movimiento de sus antenas. Era una sensación mágica, casi poderosa que me cautivaba.

            Pasaron meses, o eso me pareció a mí, cuando escuché una voz suave, cálida, capaz de transportarte al mismo paraíso. feet-walking-through-moving-waves-gifDescubrí que había dejado de estar solo. Había alguien más en aquel sitio. En alguna ocasión, pude escuchar sus pisadas en la arena, lo que indicaba que estaría cerca. Un caminar tranquilo pero fuerte dejando que las olas chocasen con sus pies y piernas, esto me permitió hacerme una idea de unas extremidades delicadas y suaves. Y siempre cantaba… Empero dejé de escucharla.

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            Estaba dormido, sumido en un profundo sueño, extraño y poco común. En él advertía música clásica: “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. Con cada nota podía crear, con mi imaginación, la maravilla de la creación de estas. Los violines sonaban en mi mente con tal claridad como si fuese real: la primavera, el verano, el otoño y el invierno se representaron con total transparencia. Una nota tras otra, me transportaba a distintos mundos. Estaba tan confortable que deseé no despertar. No obstante, el sueño cambió. Empezaron a surgir tintineos de campanas, tintineos que se tornaron en un profundo replicar de la Campana de la Torre de la Vela de la Alhambra recordando tiempos moriscos, tiempos pasados. Y, en medio de todo eso, risas de niños. Niños que parecían felices, que parecían jugar. Después, el silencio. Al cabo de un rato volví a percatarme de aquella voz cándida que parecía decir casi cerca de mi oreja: “Estoy muy cerca de ti”. Ahí desperté.

            Los siguientes días estuve deambulando por la isla. En esta ocasión, dejé de lado el reto pero permanecí callado, escuchando… pues una cosa era oír y otra escuchar… Pronto regresaría a la rutina pero algo en mí nunca sería igual. Me sumí en mis pensamientos, en el recuerdo de los sonidos de aquel sueño de la noche anterior y en las sensaciones percibidas en ese maravilloso entorno en donde me encontraba, entonces fue cuando volví a oír ese canto justo detrás de mí. Solo se me ocurrió decir: “Aquí estoy. Te escucho” y empezó a hablar: “Soy la Calma, el comienzo que buscabas. Desde tiempos remotos, he existido en el corazón de los hombres pero rara vez saben escuchar, rara vez descubren que el cambio que ansían están en ellos mismos. Tú has descubierto aquí la percepción de todo. Ahora, camina”.

            De ese modo, sentí que estaba preparado para volver.

Alicia Martín López

Nota de la autora: En el inicio del relato he querido hacer referencia al reto de este mes como homenaje al mismo ya que me pareció, como digo en el texto, todo un desafío poco común y muy interesante.

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