¿Debería haberme quedado a mi hija? La quiero, claro que la quiero. Entonces, ¿por qué estas personas me hacen esas preguntas tan feas? A juzgar por la foto que he logrado ver en un rincón de su despacho, afuera de esta habitación, creo que la cana[1] que me está interrogando tiene hijos y que los quiere más que a nada en el mundo. Si es así, no termino de entender nada. Quizá esto es un castigo del Señor por el maldito pecado que he cometido… Tengo miedo, eso sí lo sé, tengo miedo de lo que pueda pasarle a mi hijita y de lo que pueda pasarme a mí. ¿Tan mal estuvo intentar darle una vida digna? Ay, no lo sé. Me sudan las manos y me pican los ojos, necesito irme.

―Hasta ahora te habías librado de los delitos menores y estafas, pero esta vez te enfrentas a abandono de una menor, de tu hija… ¿Puedes contar qué ocurrió? ―pregunta la señora de uniforme. Respiro, trago saliva y respondo.

―Hace cosa de un año estaba con un chico al que quería muchísimo, pensaba que era el hombre de mi vida, pero solo fue un boludo[2] más. Me dejó clavada[3] en cuanto supo que estaba embarazada de él, ese… boletero[4]. Tenía una nueva vida dentro de mí y no podía deshacerme de ella. ―La barriga me comienza a doler, como si María Milagros volviera a estar dentro de mí.

―¡Pero sí lo intentaste cuando llegó al mundo! ―protesta la cana.

―No, yo no podía hacerme cargo de ella, ¿qué creés[5] que podía hacer? ―respondo entre sudores.

―¡¿Entonces por qué la tuviste?! ―grita. Parece realmente enojada. ¿Qué habría hecho ella? El dolor se hace más fuerte y necesito llorar cada vez más. Me intento convencer de que mi niña ya no está, que el dolor solo viene de mi cabeza. Necesito que se vaya o que me deje irme, pero no creo que vaya a hacerlo. Entonces, al verme de esta forma, se calma y decide preguntar otra cosa―. ¿A dónde ibas?

―Iba a volver a Paraguay… ¡No quería hacerle daño a mi nena, lo juro! ―Noto cómo me sube la temperatura―. Ella nació el miércoles pasado, 31 de enero, en el departamento de Tetuán, donde vivo. Me ayudó una vecina que escuchó los gritos. Si va allá, todavía estarán los paños y las cobijas[6] manchadas de mi sangre. ―No parece escandalizada. Solo no deja de mirarme fijamente como si no tuviera expresión en la cara. Decirlo parece que me calma un poco, pero no creo que esto vaya a seguir mucho tiempo así―. Estaba aterrorizada y no sabía qué hacer. La vecina, en cuanto pudo, se marchó y no volví a ver a esa curepa[7]. Yo no tenía nada, no sabía qué hacer siquiera conmigo, así que con mi hija menos.

―¿Por eso la abandonaste? ―me acusa. Ya no tiene la cara de estar analizándome, parece que le doy asco y me irrita mucho. Fui una buena madre teniendo a mi hija y dejándola en la iglesia. Allá podría crecer y encontrar una buena familia, una mejor mamá. No, esta mujer que tengo delante de mí no es buena. Tengo que convencerme de que no es así. Si no, me habría ayudado a escapar. Es mala.

―¡No podía más! ―No consigo aguantar la presión y grito―. ¡Era eso o que las dos acabásemos en otra patota[8] pidiendo limosna y viviendo de las coimas[9]! Hice todo lo que pude: la cubrí con mantas, le puse nombre y la dejé en la iglesia. Me aseguré de hacer el equipaje y comenzar una nueva vida, pero la cana llegó antes de poder tomar el billete… ¡¿Qué habría hecho usted?! ―Estoy llorando. No sé en qué momento he empezado, pero tengo la cara mojada y los ojos siguen soltando agua. El dolor de la barriga se ha hecho más fuerte y solo tengo ganas de vomitar. Juraría incluso que he notado saliva caer por mi labio. Me limpio con la manga del jersey y me hundo en el asiento. La policía me da un kleenex.

Intento relajarme, respirar, aunque las lágrimas siguen cayendo. Han pasado varios minutos sin que la mujer diga nada, solo se ha quedado mirándome con tanta furia que he pensado que me iba a golpear, pero no lo ha hecho. Se levanta y sale de la habitación. La puerta no se ha cerrado del todo y escucha cómo platican de mí, algo de que tengo 21 años y todavía soy una niña. Eso me hace pensar en cuánto tienen de razón. Me quedo mirando una marca negra en la mesa y pienso en cuánto podría haber vivido si no me hubiera cogido esa feró plaga[10]. Podría haber vuelto a Paraguay con mis propios papás y conocido a un hombre de verdad. Pero entonces María Milagros no existiría… Cómo estará ahora. Si pregunto, ¿me dirán algo? No, el dolor vuelve. ¿Por qué ocurre esto? Fui una buena madre, le di la vida y ahora tendrá un sitio en el que estar bien. Agarro el vaso de agua y bebo un sorbo. Entonces, la policía entra y otro cana la sigue. Ese señor me levanta del asiento y me lleva con las manos atadas.

―Si sabías tu situación, no deberías haberla tenido ―escucho a la policía mientras salgo de la sala. Ese comentario me enciende. Levanto la cabeza y comienzo a gritar que eso está mal.

―¡¿Pretendía que asesinara a mi hija?! ¡Dios no me perdonaría nunca! Así tengo salvación, pero usted… ¡usted es una mala víbora! Es la policía, ¿¡cómo puede pedirme que mate a mi hija!?

―¡Cállate! ―Me interrumpe la señora―. No eres más que una pobre ignorante. Quizá tu hija nunca tenga una buena vida, y eso solo será por tu culpa, por tu egoísmo, por tu… dios.

―¡No te atrevás a insultarme, mala perra! La asesina sos vos…

Al oír las cosas que estoy diciendo, el señor me aparta rápido. Durante unos minutos sigo maldiciéndola y llorando de rabia. ¿Cómo se atrevía a sugerir eso? ¡Nunca he querido asesinar a nadie, y mucho menos a mi hija! Me resisto a irme y seguir diciendo lo malvada que es esa mujerona, pero no parece que vaya a servir de mucho más, así que vuelvo a agachar la cabeza y dejo que me lleven a mi nuevo departamento, todavía murmurando y maldiciendo a todos los canas de esa comisaría. Es ella quien debería estar aquí entre rejas, no yo.

Yo fui una buena madre.

Nota del autor: he mantenido las notas al pie porque, aunque puedan resultar desagradables a la vista y en el formato, considero que es mucho más cómodo para un lector que no conozca los extranjerismos tener el vocabulario al lado, en lugar de tener que pausar la lectura para buscar en un diccionario. A mí, personalmente, me corta mucho más el rollo. Fuera de ello, he intentado ajustarme a las valoraciones constructivas que se me han aportado.

Noticia a la que hace referencia el relato

[1] Policía.

[2] Necio, estúpido.

[3] Me abandonó.

[4] Mentiroso.

[5] Uso del voseo.

[6] Mantas.

[7] Argentina.

[8] Grupo de jóvenes vándalos y violentos.

[9] Comisiones que se reciben por estafas.

[10] Mala persona.

José Santinez

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