Sumida en un sueño del inconsciente yo, la Razón del ser, me hallo frente a las ruinas de un viejo patio que antaño albergó la belleza indómita de nuestros antepasados (1). Ahora hiedras recorren los rincones de estos lares; la arena y las hojas los atraviesan. En el centro, una fuente se alza majestuosa, regia, casi tocando los cielos.

Como salida de la nada, una música (2) lo envuelve todo, transportando al que la oye a la morada de los dioses o, en este caso, de los sentimientos. Sin embargo, como en todo letargo, los sucesos ocurren sin sentido, las imágenes van y vienen, y los escenarios cambian. E igual que yo aparecí en este recuerdo efímero, alguien cruzó las puertas que forman los límites del ensueño.

Igual que un torbellino, lleno de desorden, alucinaciones y arrasando con todo, llega el Delirio que, sin dejar respirar, va de un lado a otro sin parar. No obstante, observo que en su locura existía un atisbo de verdad pues es a un tiempo desconcertante y convincente. Se dirige, mirándolo todo desconfiado, hacia un extremo del patio. En sus brazos parece esconder algo pequeñito que deja con sumo cuidado en el suelo. Después, sale corriendo hasta desaparecer.

LuciernagaMe percaté que esa cosita brillaba como el sol, con una luz tan cegadora que apenas se podía vislumbrar una diminuta sombra en medio de ese resplandor. Llevada por la curiosidad, me acerco despacio pudiendo comprobar que su fulgor se transformaba en un suave destello azulado que permitía descubrir una figurita. Un impulso hizo que cogiese aquello que me fascina: una semilla. Me encontré buscando tierra y agua en aquel patio al que había inundado las plantas. Allí, en medio de las hiedras y hojas caídas de árboles frutales, encuentro el sustrato idóneo. En mis manos, el germen tintinea. Ensimismada, la cobijo entre las plantas. Con asombro contemplo como  crece, crece y crece.

Vuelvo sobre mis pasos a la fuente central. Desde allí puedo controlar todo. Voy recorriendo con la mirada las paredes agrietadas que se intuyen formando un círculo perfecto alrededor de mí. Una de estas tiene un símbolo peculiar: una balanza. Reflexiono por un instante: «La balanza, símbolo de equilibrio» (3).

11999237_1708170032744734_1163076651_oEn este momento, me sobresaltan unos pasos casi silenciosos que se acercan, lo cual me resulta muy extraño pues no veo a nadie. Decido cerrar los ojos, «pum, pum-pum, pum-pum, pum»: el latido del corazón… Cuando los abro, aún con ese sonido en mis oídos, percibo frente a mí una figura cubierta de rojo con una gran capucha cubriéndole el rostro. Me ofrece una rosa, hermosa como jamás había visto otra. Sus pétalos son un arcoíris sedoso y sus hojas tienen el color de las esmeraldas. Tengo la intención de cogerla cuando caigo en la cuenta que su mano está ensangrentada (4). Me detengo. La imagen se está desvaneciendo. Me es imposible retenerla. Los latidos regresan: « pum, pum-pum, pum-pum, pum ». Poco a poco se desvanecen. Quedo pensativa, el Amor me ha hecho una breve visita.

 Se hace un breve silencio. No se oye ni la propia respiración. El ambiente creado es sobrecogedor y da paso a un fuerte huracán compuesto por colores diversos: unos claros, otros obscuros y, todos ellos, de igual fuerza. Con cada paso que da engulle rocas y plantas. A veces, se para en seco; otras, con presura, se agita y ruge con gran brío (5). Me asusta sobremanera. Va sin rumbo fijo, es incontrolable. En un intento desesperado de que aquello pasase, y esperando a que se marchara, intento pasar desapercibida. Cierro, de nuevo, los ojos y me aferro con firmeza a la inmensa fuente pues es lo que tengo más cerca.

Otra vez, esa musiquita. La advierto muy lejana: suave, relajante, transmite una paz poco común. Siento relax. Poco a poco, abro los ojos. En mi memoria pulula la representación de la simiente azulada que dejé en ese vergel. He dejado atrás el mundo de los sueños. La mañana saluda tras la ventana y los rayos del ancestral astro alumbran la estancia. Una pregunta me ronda, « ¿Qué o quién era? » Sólo eso, una semilla que crece en lo más hondo de nosotros mismos. Quizá puedo llamarla Esperanza.

De ese modo, comienza un nuevo día en donde los trinos de los pájaros son melodías y el viento trae historias nuevas.

Alicia Martín López

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Notas de la autora:

Para mejor comprensión de la historia expongo un pequeño análisis:

Personajes: Las emociones.

Escenario: Un sueño.

Puesto que el relato se iba a desarrollar en un sueño pensé que podía ser interesante, narrarlo lo más parecido a éstos. Por otro lado, he usado mucho la metáfora e incluso cierta musicalidad, lo que suele usarse más en poesía. Así que he querido darle un pequeño toque de prosa poética.

La interpretación del texto creo que depende de cada uno. No obstante, aclararé algunos puntos:

1.- Es lo salvaje de la naturaleza, de nosotros mismos, de los instintos.

2.- La música sirve como paso de la duermevela al sueño profundo y viceversa, de ahí que aparezca al principio y al final.

3.- La balanza. Equilibrio entre razón y sentimientos.

4.- La descripción hace referencia al Amor en sí. Desde mi punto de vista, la rosa es perfecta para hacer una metáfora pues es hermosa pero también lleva espinas, espinas que se “clavan y nos hacen sangrar”. En todo cariño hay amargura, lo importante es “limar las espinas”, superar los malos momentos. Al principio, pensé en no poner el nombre, después lo añadí para su mejor entendimiento.

5.- Este huracán no es más que los momentos en los que nos inundan varios sentimientos a la par (positivos o negativos) y no sabemos bien cómo gestionarlos. De ahí que no le pongo nombre concreto.

Espero que disfrutéis del relato, un placer compartir y aprender.

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