En la primera entrada sobre Diálogos perfectos explicamos cómo deben puntuarse ortotipográficamente los diálogos. Pero que sea correcto no basta para que algo sea bueno (aunque es una parte fundamental y por eso la hemos querido tocar primero). Para que un diálogo sea perfecto, hay que tener en cuenta cuestiones mucho más sutiles, que vamos a ver a continuación.

Pero el concepto más importante que tienes que tener en mente, tanto para los diálogos como para cualquier texto que escribas, es:

Tiene que ser creíble, no realista.

Podando nuestro diálogo

Lo primero de todo es saber qué diálogos incluir y cuáles pueden ignorarse u omitirse. Vuelvo a dar un consejo que sirve para cualquier elemento de la novela, pero es que los diálogos no son tan diferentes al resto.

Si no aporta algo, sobra.

Es decir, no sirven de nada (y son aburridísimos de leer) los diálogos mundanos del tipo “hola”, “hola”, “¿Qué tal todo?”, “Bien, ¿y tú?” si no es porque mientras tienen esa conversación tan aburrida está pasando algo interesantísimo y el personaje solo quieres disimular (qué se yo, mientras habla con su jefe, el personaje está hackeando las cuentas desde su terminal para fugarse a las Bahamas).

Hay veces que alguno de los diálogos nos parece divertido, ingenioso… o simplemente nos gusta por lo que sea, pero no tiene nada que ver con la trama. En ese caso, mi consejo es que se vaya fuera. Aunque no lo creas, la historia estará mejor sin ella.

Esto no quiere decir que cada palabra que digan los personajes tiene que tener que ver con la trama. Primero hay que tener en cuenta que normalmente tenemos más de una trama (una o varias principales y otras secundarias o personales). Todas ellas son relevantes y merecen su espacio y su diálogo.

E incluso bromas, chascarrillos y anécdotas que no tengan directamente relación con ninguna de las tramas pueden aparecer.

Lo que hay que evitar es que haya líneas y líneas de diálogo que no aporte absolutamente nada.

Pero no nos pasemos recortando

Hay personas que, en cambio, tienden a hacer todo lo contrario: resumir todo. Así, nos cuentan en apenas un par de párrafos algo que debería haber sido una escena entera. Los diálogos son el único momento en el que los lectores ven la historia a tiempo real (no confundir con presente), es decir, que la historia ocurre exactamente a la misma velocidad a la que leen. Por eso son lo mejor para involucrarlos en la historia. Si es un tema importante, aunque sea para el trasfondo de algún personaje, no lo resumas, muéstranoslo.

Que cada personaje hable con su voz

Un error muy frecuente es que todos los personajes hablen igual (es decir, que todos tengan la voz de su autor), cuando en la vida real cada uno de nosotros hablamos de una forma diferente.

Esto no quiere decir que tus personajes tengan que ser un mejunje de acentos y coletillas, se puede hacer de una forma mucho mas sutil y natural. Fíjate en tu entorno, hay gente que usa frases más largas, más cortas, es más conciso, se va por las ramas, es más formal, más coloquial (o incluso más malhablado)… Cada persona tenemos una forma de expresarnos. Y, además, esta se ve afectada por nuestro estado de ánimo. Juega con ello a tu favor, no tienes que decirme que un personaje está nervioso si yo leo que, aunque siempre es parco en palabras, ahora se está deshaciendo en explicaciones. Lo estoy viendo.

Para ello, es interesante que conozcas bien a tus personajes. Cuanto más sepas de ellos, más fácilmente sabrás cómo hablan y se expresan.

Los personajes no están perdidos en el tiempo y el espacio

Es la sensación que da cuando no hay intervenciones del narrador durante todo el diálogo, o este se limita al vacío “dijo”. Tus personajes no dejan de hacer lo que están haciendo para hablar (o sí, pero dejar de hacer algo ya es hacer algo). Cuéntanos qué hacen, cómo se mueven, cómo se sienten… La escena se va a ver muy enriquecida en la mente de los lectores, tú vas a poder manipular el ritmo a tu antojo y va a ser mucho más natural. Todo ventajas.

Silencios, interrupciones, equivocaciones, dudas…

No siempre hablamos a la perfección. Nos equivocamos, dudamos, nos repetimos… El silencio puede ser una respuesta muy expresiva. Juega con estos elementos, con cuidado de no abusar, pero sin tenerles miedo.

Además, estos elementos son unos medidores fantásticos del estado de ánimo de los personajes. Cuando más nerviosos, enfadados o asustados estamos, más nos cuesta expresarnos con normalidad.

Estos son unos pocos consejos para darle una vuellta a tus diálogos. ¿Conoces alguno que no hayamos mencionado? ¿Quieres añadir algún punto más? Déjanoslo en comentarios para compartirlo con los demás.

No dudes en compartir este artículo si te ha gustado.

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