A menudo a la gente que quiere empezar a escribir le surgen dudas. «¿Soy demasiado mayor?», «No tengo suficiente imaginación» o «No tengo tiempo» suelen ser las causas más habituales de esas dudas. La respuesta a la pregunta sobre si debes escribir, sea cual sea la razón que te hace dudar, es

Pero con esa respuesta seguramente no os hayamos convencido, ¿verdad? Vamos a desmontar aquí algunas excusas (por que, lo sentimos mucho, es lo que son. Solo hay una razón válida para no escribir, pero la dejamos para el final).

No tengo imaginación

Si esta es la razón, puede que sea la primera vez que nos visitas. La imaginación se entrena. Todos nacemos con ella y cuando somos niños aflora en su máximo esplendor. Pero ¿qué pasa cuando somos mayores? 

La imaginación sigue ahí, solo hacen falta dos cosas para mantenerla viva: conservar la curiosidad y no escuchar al censor que todos llevamos dentro. En Entrenando tu imaginación, hablamos en detalle sobre este tema.

Soy demasiado mayor

Esa excusa solo sirve si tu sueño es ser gimnasta en los Juegos Olímpicos, trabajar en el cuerpo de bomberos o como policía. Lo bueno de las artes es que no tienen edad. Desde los cero hasta los ciento cincuenta años (y más, según vaya subiendo la esperanza de vida humana) podemos experimentar con los colores, los sonidos, las formas…

En el caso de la literatura ser demasiado joven sí puede ser un problema (hay que saber hablar, por lo menos), pero ser demasiado mayor no es un impedimento. De hecho, escribir tiene muchísimos beneficios personales aun si estás en la tercera edad

Pero no solo eso, incluso si quisieras dedicarte a ello de forma profesional, hay varios ejemplos de autores y autoras famosos que comenzaron su carrera literaria pasados los cincuenta: Daniel Defoe publicó Robinson Crusoe a los 59 y Laura Ingalls Wilder no publicó La casa de la pradera hasta los 64.

No tengo tiempo

Lo entendemos. Trabajo, estudio, casa, hijos… Queda poco tiempo para uno mismo y, en ocasiones, solemos plantearnos la escritura como parte de nuestro ocio. Es decir, algo prescindible. Lamentablemente, en la sociedad en la que vivimos, aprendemos que dedicarse algo de tiempo a uno mismo es de vagos o incluso egoísta. Pero no tiene nada de malo. Es bueno para la salud mental y física y puede ser un ejemplo para nuestros hijos.

Si de verdad quieres escribir, ya sea por ocio o porque te quieres dedicar a ello, puede ayudar que reserves un momento concreto de tu agenda para ello, como si fuera una actividad más. Puedes empezar con un par de horas a la semana y, si en casa no te concentras, siempre puedes tomarte ese tiempo fuera: escribir en un parque, una cafetería, unirte a un grupo de trabajo… Los retos mensuales del club pueden ser una buena forma de empezar y mantener una rutina.

Te recomendamos que esas horas sean siempre las mismas, como si te hubieras apuntado a una clase y tuvieras que asistir para no perder el dinero. Te ayudará tener una rutina. Más adelante, cuando tu entorno comprenda que es algo importante para ti, se acostumbrarán a respetar esos momentos y puede que hasta logres sacar algo más de tiempo.

No me viene la inspiración

Si prentedes hacer de la escritura tu oficio, más te vale olvidarte de las musas. La verdad es que suelen venir cuando ya estás trabajando, no mientras disfrutas de un divertido videojuego o pasas la tarde riendo con tus amigos (aunque se puede dar el caso, pero eso suele pasar cuando te visitan muy a menudo). 

No esperes a que llegue la inspiración. Ve tú en su búsqueda y aprende en el camino. Es mejor escribir diez malos relatos a no escribir ninguno. Al menos habrás aprendido algo en el proceso.

No obstante, hay algunas formas de motivar la inspiración. No son infalibles, pero ayudan. Visita nuestro artículo si quieres saber más.

Atraer a las musas

No sé escribir

Nadie nace sabiendo. En esta sociedad en la que vivimos tenemos sobrevalorado el talento natural. ¿Existe? Seguramente sí, hay personas con más facilidad para aprender que otras, pero no deja de ser eso: facilidad para aprender. Ir mejorando es un proceso del que nadie se libra. ¿Tienes mala ortografía? Ve mejorándola poco a poco. ¿Crees que tus textos son horribles? Por malos que sean (que seguramente no lo sean tanto) cada uno de ellos te está enseñando algo. ¿Crees que Velázquez se despertó un día a los siete años y dijo «voy a ser pintor» e inmediatamente después se puso manos a la obra con las Meninas? Seguramente no. Igual que los horribles dibujos que colgamos de nuestra nevera por amor a nuestros hijos, valora tu trabajo como lo que es: un paso más hacia el aprendizaje.

En lugar de agobiarte con el proceso, disfrútalo.

debo empezar a escribir

Esta tira de la ilustradora Sarah Andersen refleja muy bien a qué nos referimos.

Cuándo no debo comenzar a escribir

Aunque siempre es un buen momento para empezar a escribir pese a la edad, la imaginación o la inspiración que tengamos, hay un punto concreto en el que es mejor tomar algo de distancia. Los escritores tendemos a crearnos rutinas, horarios, agendas y, en resumen, expectativas. Pero a la hora de la verdad esas expectativas suelen ser difíciles de cumplir y entonces llega la frustración, el síndrome del impostor, el bloqueo…

Nos exigimos, no estamos a la atura. Nos exigimos aún más y esperamos un resultado diferente al anterior… Desde fuera es fácil ver que no puede funcionar de ninguna manera, pero cuando estás metido en la espiral de autocrítica todo te parece el resultado de que no estás haciendo lo suficiente.

Respira.

Escribir ha dejado de ser divertido y se ha convertido en un castigo. Empieza a afectar incluso a tu estado de ánimo. No has fracasado. Se llama síndrome del trabajador quemado (sí, en esta profesión somos coleccionistas de síndromes, forman parte de nuestros riesgos laborales). Lo mejor que puedes hacer es tomarte un respiro intentando no sentirte culpable por ello. Tómalo como quien tiene un periodo de rehabilitación tras un esguince. El reposo es necesario para poder estar a la altura, pero, lamentablemente, tendemos culparnos por necesitar ese tiempo, debido a que no se le da la misma importancia a cuidarse mentalmente que a hacerlo físicamente. 

Descansa. No te pongas plazos o no servirá de nada y alargarás el proceso. Cuando llegue el momento de volver a escribir lo sabrás sin ninguna duda.

¿Y ahora? ¿Hay alguna otra razón por la que no vayas a poner a escribir? Déjanos un comentario e intentaremos ayudarte. 

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